La ley AFK
Chile quiere regular internet para los menores de 16 años. El problema: quienes legislan llevan años desconectados del juego.
Por Paola Robayo Galán · Columna de opinión · Núcleo Digital · Santiago, 2026
Chile discute restringir el acceso de menores de 16 años a las redes sociales. La propuesta se presenta como una medida de protección, una señal de que "alguien está haciendo algo". Pero antes de aplaudir, vale la pena mirarnos al espejo.
Tomemos nuestro propio teléfono y revisemos el tiempo de pantalla. Pensemos cuántos videos cortos consumimos sin parar, cuántas veces revisamos notificaciones sin necesidad, cuántas noticias compartimos sin verificar. En ese contexto, la pregunta honesta es: ¿de qué exactamente queremos proteger a los niños?
No ven las plataformas como una amenaza, sino como parte natural de su vida social. Legislar sobre esa realidad sin entenderla suele producir normas que no se cumplen — o que se burlan fácilmente.
Casi nadie define con precisión qué entiende por "red social". ¿Incluye TikTok, Instagram y YouTube Shorts? Probablemente sí. ¿Incluye Snapchat o BeReal? También. ¿Pero qué pasa con WhatsApp, que es el canal principal de comunicación entre muchos padres separados y sus hijos?
| Plataforma | Tipo | Por qué preocupa | ¿Red social? |
|---|---|---|---|
| TikTok / Instagram / YouTube Shorts | Contenido algorítmico | Scroll infinito, impacto en autoimagen, desinformación | Sí |
| Snapchat / BeReal | Mensajería social | Mensajes efímeros, contacto con desconocidos | Sí |
| Mensajería privada | Canal principal entre padres e hijos en familias separadas | Zona gris | |
| Discord | Comunidades y gaming | Servidores privados sin moderación, contacto con adultos desconocidos | Zona gris |
| Roblox / Fortnite | Videojuego social | Chat y voz con desconocidos en tiempo real, compras virtuales | No siempre |
Si la ley no distingue entre mensajería privada y redes abiertas, el resultado puede ser que un padre pierda el principal medio de contacto cotidiano con su hijo en nombre de la protección. Eso ya no es cuidado: es intromisión.
Lo que decimos
- Las redes sociales son peligrosas para los menores
- Los niños no tienen criterio para usarlas bien
- El grooming es un riesgo real que hay que frenar
- Los contenidos son inapropiados para su edad
- Necesitan protección del Estado
Lo que hacemos
- Consumimos TikTok y Shorts varias horas al día
- Compartimos fake news sin verificar
- Nos dejamos manipular por algoritmos diseñados para eso
- No sabemos qué es Roblox ni qué son los V-Bucks
- Prohibimos el celular en el colegio para no tener que hablar del tema
Esta tabla no es un ataque. Es un diagnóstico. Y aquí emerge la paradoja más incómoda: si la lógica es que las redes son tan peligrosas que un menor de 16 años no puede usarlas sin daño, también deberíamos plantearnos contratar una póliza de desintoxicación digital para los adultos — o dejar de salir a la calle con el teléfono en el bolsillo por miedo a lo que podría ocurrir si lo encendemos. Llevado al extremo, prohibir sin educar es tan coherente como prohibir las autopistas porque hay accidentes, en lugar de exigir que la gente aprenda a manejar.
El estudio Kids Online Chile 2022, la investigación más rigurosa disponible sobre el tema, encuestó a 3.011 estudiantes en las 16 regiones del país. Su hallazgo central es incómodo para quienes defienden la restricción de edad: el factor protector más consistente frente a los riesgos digitales no es la edad de acceso, sino la calidad de la mediación adulta (Claro et al., 2024).
Donde hay conversación y confianza, los riesgos bajan. Donde hay prohibición y silencio, se esconden. Aun así, una parte importante de los colegios no tiene el desarrollo de habilidades digitales incorporado en su proyecto educativo.
A esto se suma el informe del Centro Eduinclusiva de la PUCV (López y Espino, 2026): las respuestas más efectivas no se limitan a prohibir, sino que requieren combinar regulación, formación docente y participación activa de la comunidad educativa.
Kids Online Chile 2022 — datos clave
- 1 de cada 4 NNA reporta señales de uso problemático del celular
- Trato ofensivo en línea aumentó entre 2016 y 2022; niñas, el grupo más afectado
- Más de 1 de cada 3 reporta contacto con desconocidos en internet
- Solo 63% de los colegios incluye habilidades digitales en su PEI
- Solo 40% de directores percibe a sus docentes bien preparados en tecnología digital
El grooming se usa como argumento central para endurecer la edad de acceso, y el problema es real — el informe Eduinclusiva (2026) lo confirma con datos chilenos. Pero el grooming no existe porque un adolescente tenga cuenta en Instagram: existe porque hay adultos que quieren dañarlo. Frente a una restricción de edad, esos adultos harán lo que siempre hacen: buscar atajos y moverse a plataformas con menos visibilidad y peor moderación.
Si cerramos la puerta de Instagram pero dejamos abiertas sin control las comunidades en Discord — servidores privados, sin moderación visible, prácticamente imposibles de auditar — lo que hacemos no es proteger. Es correr el peligro de lugar.
"¿Por qué la carga de la regulación recae sobre las familias y no sobre las empresas que diseñan estas plataformas para retener la atención adolescente el mayor tiempo posible?"
Meta, TikTok, Snap y Google llevan años afinando algoritmos para maximizar el tiempo en pantalla. Tienen esos datos. Han tomado decisiones de diseño basadas en ellos. Y sin embargo, la respuesta del Estado es decirle al joven de 14 años que no puede entrar, en lugar de exigir cambios en los productos que se le ofrecen. En Chile, el 91% de la población ya posee un celular y WhatsApp, Instagram y TikTok son la infraestructura social del país (Entel CE, 2025). No son plataformas de nicho.
Ya hay una experiencia previa: la prohibición del celular en clases. En muchos establecimientos se aplicó como medida administrativa, sin formación docente ni contenidos que reemplazaran ese uso. El celular salió del aula, pero la educación digital no entró. Prohibir fue más fácil que aprender y enseñar.
La respuesta no está en los extremos. Ni en entregar pantallas sin acompañamiento desde que el niño nace, ni en prohibir todo porque no entendemos cómo funcionan los algoritmos. Ambas posiciones eluden la misma responsabilidad: aprender.
La respuesta está en la educación digital: que los adultos aprendan primero lo que quieren enseñar; que las escuelas integren seriamente estas competencias; que las familias conversen, incluso cuando resulta incómodo. Y que el Estado deje de mirar solo al usuario y empiece a exigirle responsabilidades reales a las empresas que diseñan estos productos.
Los niños van a seguir en internet, con ley o sin ella. La verdadera decisión es si van a estar solos ahí, o si vamos a tener el coraje de acompañarlos con conocimiento, coherencia y responsabilidad.
"La respuesta nunca puede ser prohibir para no tener que ver el problema. Siempre debe ser ver el problema."